'El gran carnaval' o el circo del periodismo

‘El gran carnaval’ o el circo del periodismo

El gran carnaval es una de esas películas que hoy llamamos «adelantadas a su tiempo», pero en su día fue un fracaso comercial y sufrió el vapuleo de la crítica. Normal: ni a la prensa ni al público les debió gustar que Billy Wilder hiciera un retrato tan cínico sobre la noble profesión del periodismo y sobre el intocable derecho de los lectores a conocer los detalles de una tragedia. Wilder dirigió una obra maestra del género periodístico que se debería proyectar obligatoriamente en las universidades, aunque ya sé que en los planes de estudio de esta innecesaria carrera priman las asignaturas de teoría, semiótica, comunicación corporativa y otras gilipolleces.

Wilder no dice que todo el periodismo se base en inventar y manipular para conseguir el mayor impacto posible (ahí está el director del diario de Albuquerque), pero sí denuncia la existencia de manzanas podridas que con el paso del tiempo contagiarán al resto de la profesión (echen un vistazo a los medios del siglo XXI y se darán cuenta de que tenía más razón que un santo). Así, Chuck Tatum (Kirk Douglas) es un tipo que interpreta las reglas periodísticas de forma perversa y predica una filosofía radical basada en tres pilares: 1) las noticias, o son malas o no son noticia; 2) nunca dejes que la realidad estropee un buen titular; y 3) busca historias con interés humano y redúcelas a un individuo, pues un pueblerino atrapado en una cueva es más estremecedor que cien mil chinos muertos en un terremoto. Para Tatum, esto no es periodismo sensacionalista, sino sensacional.

Ahora bien, Wilder insiste: Tatum sólo es un listo que se aprovecha de nuestras debilidades. En la película podemos ver que su plan (llevar a un hombre hasta la agonía para vender más periódicos) cuenta con el apoyo tácito de varios actores, empezando por el sheriff corrupto que quiere lavar su imagen. Y es el público quien se lleva la hostia más grande. Por un lado, Wilder parodia esa absurda fascinación de la gente por salir en la prensa, de sentirse importantes por unos minutos sin darse cuenta de que, en realidad, están sirviendo de conejillos de indias. Y por otro, ironiza acerca de nuestro desmedido interés por el morbo, por saber en qué momento dejó de respirar la víctima o cuáles fueron sus últimas palabras. En definitiva, lo que subraya Wilder es que el llamado interés periodístico sólo es una excusa para montar un circo (o un carnaval) alrededor de una tragedia y sacarle todo el jugo posible antes de que se agote.

Estelar Kirk Douglas

Dejando aparte el mensaje, El gran carnaval es un film espléndido, con un Kirk Douglas estelar, que no recibió el reconocimiento que se merecía. De nuevo hemos de resaltar el guión de Billy Wilder (inspirado en una historia real que el actor Victor Desny le hizo llegar a su secretaria), con una presentación bestial del protagonista llegando a la redacción del diario de Albuquerque como si lo hubieran nombrado director esa misma mañana. Chuck Tatum es carismático, vehemente y tan atractivo como un psicópata; tiene las ideas claras, y sólo le falta encontrar la noticia que le devolverá la gloria. Además, Tatum deja claro desde el inicio que él está por encima de los paletos de su oficina, y que sólo los está utilizando para volver a Nueva York por la puerta grande. Tatum añora la ciudad que nunca duerme porque allí hay noticias todos los días. Y cuando dice noticias se refiere a robos, accidentes y asesinatos: tragedias a punta pala.

A nivel estético, Wilder focaliza la cámara en Kirk Douglas la mayor parte del tiempo, dejando que transmita con su rostro agresivo y su cuerpo en tensión la adrenalina de tener una exclusiva entre manos. Aunque el director era poco amigo de lucirse con los planos, aquí inventa algunos de una fuerza tremenda, como cuando Tatum agarra del pelo a la mujer de la víctima (una notable Jan Sterling), o ese vuelo general mostrando a la gente que baja corriendo del tren para unirse al circo mediático. Pero si hay un plano necesario y educativo (que no moralista), es el del padre deambulando por el desierto entre los restos de la fiesta. Tatum lo observa desde el coche y siente algo parecido a la empatía. Entonces comprende lo que debería ser el periodismo, pero ya es demasiado tarde para él, y es muy posible que para nosotros también.

Autor

Víctor Guerrero

(23 Posts)

Periodista, cinéfilo e hincha del Athletic Club.

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